Laura G. Miranda

Laura G. Miranda

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PALABRAS Y SENTIMIENTOS
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LO QUE NO TENÍA

Quería lo que no tenía y en su infinita fe, esperaba que los giros del destino abrieran los ojos, la señalaran y le dieran la posibilidad de la chance cumplida.
Quería lo que no tenía y batallaba contra las dificultades que la separaban de aquello que por derecho le correspondía. Se había ganado lo que anhelaba pero la vida no practicaba la justicia del reconocimiento a diario.
Quería lo que no tenía y el pecado de ese deseo derrumbaba las puertas de su reacción.
Quería lo que no tenía y se estaba convirtiendo en lo que sufría porque practicaba la injusticia de no valorar lo que sí le había sido dado.
Aquella noche, soñó que estaba sola con su alma fría. No había seres queridos, ni posesiones, ni tiempo, ni olvido, ni siquiera una imagen en el espejo. Había perdido todo, solo la acompañaban recuerdos. Se pregunto si eso era la muerte pero no pudo hallar respuesta. Se le negaba el descanso y el dolor acumulaba lágrimas en su corazón. ¿Importaba en esas circunstancias lo que quería? ¿Qué quería en realidad? ¿Cuales eran sus prioridades? ¿Era esa pesadilla el presagio de su futuro?
Despertó queriendo huir de la desesperación del vacío. Entonces, todo cambió. Ella corrió de su vida lo que no tenía, esa paradójica falta que ocupaba más lugar que todo lo demás y le dio importancia a lo que sí poseía entre sus manos: la invaluable posibilidad de ser y cambiar.
Laura G. Miranda

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LABERINTOS

Emblemáticos. Significan posibilidad o frustración según sea nuestra habilidad para hallar la salida. Son desafíos continuos que cambian de forma y dimensión a la par de nuestras vivencias más adversas. Dijo Leopoldo Marechal que: "De los laberintos se sale por arriba", frente a esta idea supe escribir que algunos laberintos tienen techo... porque los sentimientos enredan el espacio aéreo de las soluciones. El corazón se apresura pero el tiempo se detiene en las dudas que nos tapan la visión. Y nos queda la actitud, atrapada en un cuerpo cansado que olvidó como resistir y un alma agotada de volver a empezar. Entonces, la vehemencia de las convicciones hace su trabajo y recuperamos la chance de continuar ilesos y felices. No existe Laberinto que pueda vencer lo que somos ni aquello en lo que creemos.
En fín, con techos o sin ellos, complicados o simples, coloridos o fúnebres, para bien o para mal, somos nosotros los que nos perdemos entre sus paredes y somos también nosotros los dueños de la fuerza, la inteligencia y la tenacidad necesaria para liberarnos de sus muros. De ningún laberinto se sale con llave ajena.
Laberinto... palabra que rodea uno de mis sueños y encierra una nueva posibilidad.
Laura G. Miranda

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IMPOSIBLE OLVIDO

Caminaba conteniendo las lágrimas que las imágenes vividas le empujaban al corazón. Recuerdos que hacían de si mismos un fuerte de imposible olvido. El lugar, le abrazaba el rechazo inexplicable de quien había dicho amarla desde y para siempre. Palabras que se tragaba la nada cuando acaba de confirmar que él la había sacado de su vida al extremo de no atender sus llamados. ¿En que momento había cambiado el hecho de que se necesitaban para vivir por la cobarde decisión de dejar de escucharla? Entró a la iglesia buscando las respuestas de un Dios en quien ya no confiaba pero a quien le reconocía el poder sobre las decisiones de otros. Ella sabía que él no había sido ni era capaz de enfrentarla, sabía que terminaba con las cuestiones que no podía controlar, sin importar lo que hubiera que hacer, ni siquiera si eso le dolía, lo hacía sin más. Sin embargo, la certeza de saber que sus desalmadas acciones fracasarían frente al sentimiento que no era capaz de evitar, le dio valor. El estar segura que sus caricias y sus besos le arderían en la memoria de su piel y no tener dudas sobre que el eco de sus palabras continuaba siendo irresistible para ese hombre que la ignoraba, le provocó una sonrisa a pesar de todo. Ninguna otra mujer le haría temblar el cuerpo y el alma, ni siquiera esa con quien finalmente se iba a casar. El amor era letal a veces y quienes ejecutaban sus mandatos solían cometer los mismos errores más de una vez. ¿Había cometido ella un error al permitirle entrar en su vida? ¿Había sido él, el error viviente que buscó hallarla para abandonarla después? ¿Acaso el error era que él elegía que no lo amen? ¿Por qué ese modo endeble de imponer una decisión inconsulta? Él era un falso abanderado de la democracia afectiva, él era una versión culposa de las razones que no supo sostener. No habría ya nuevos capítulos, excepto esa mirada interminable que él encontraría al final de cada momento y al comienzo de cada sueño, porque desechada o no, él la amaba aunque quisiera dejar de hacerlo y jamás podría olvidarla. Ella lo sabía.
Laura G. Miranda

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SENTIMIENTOS MÁXIMOS

Y entonces tuvo que aceptarlo. No sabía sentir a medias, no conocía la zona de grises cuando de latir diferente se trataba. Intentaba descubrir si eso era una bendición o un inoportuno desequilibrio que la enfrentaba desde que tenía uso de razón. Todo lo vivía en sus máximos. Se encendía de vida cuando amaba lo que hacía o se inundaba, sumergida en sus propias lágrimas, cuando la adversidad le ganaba la pulseada.
Era libre hasta perderse enredada en sus propias cadenas y era también, prisionera de las convicciones que defendía. Era el cielo en el que vibraba sus sueños sin límites y era también, las raíces añosas que le gritaban la realidad. Era verdad intensa y era ficción real. Era lo que decía pero también, se reconocía en lo que callaba. Era la mirada color miel que el espejo le devolvía, esa que esperaba al destino sin dejar de actuar y era también, ese silencio que encerraban sus ojos, que lo daban todo a cambio de nada. Era quien dejaba partir sin reveses aunque no entendía. Era aquello en lo que centraba su atención. Era, simplemente era lo que sentía y hacía hasta convertirse en el sentimiento o en la acción. No sabía ser de otro modo aunque, a veces, le hubiera gustado. Para ella la entrega era absoluta y el rechazo letal. Y en ese ser alguien, conocerse y comprender, iba su vida y el tiempo avanzaba sobre ella con la impunidad de los poderosos. Los días transcurrían sin pedirle permiso a sus miedos ni a sus deseos y le arrebataban la fibra más íntima de sus secretos. Las dudas le arañaban las certezas y atreverse le quitaba la respiración. No era una mujer fatal, apenas era lo que la profundidad de sus sensaciones le permitían mostrar, con las manos atadas de razón y el corazón agitado de oportunidad. Se preguntaba ¿Cuántas heridas cabían en sus años? ¿Cuántos perdones y cuántas ilusiones? ¿Sería, acaso, que los sentimientos máximos erosionaban la posibilidad de llegar al final del camino que llevaba el nombre de su felicidad?
Laura G. Miranda

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LA CASA DE LA PLAYA

Azotada por el viento y la lluvia, la casa de la playa se mantenía de pie. Enfrentaba la naturaleza y la fuerza que signaba su ubicación en el destino, con la hidalguía de los objetos que no ignoran su sacralidad. Esa casa sabía que solo tenía un dueño, ese hombre que por amor la había construido durante años, solo para esperar a la mujer de su vida.

La historia de ellos era diferente porque elegían darle una oportunidad a la distancia que separaba sus besos antes que a las dudas que laceraban sus convicciones. No podían estar juntos eso era fatalmente verdad, les estaban vedados los proyectos porque la vida había jugado caprichosamente sus cartas a destiempo. Ambos lo sabían. Sin embargo, bajo la misma tormenta que acariciaba sus sentidos y les hacía latir los recuerdos en la piel, asumían que los reveses del destino eran insospechados. Él le había jurado amor eterno delante de un Dios que no era el suyo y ella, había tomado su promesa frente a ese altar profano que ignoraba la intensidad del sentimiento que los unía.
Habían aprendido a robarle al tiempo ratos escondidos detrás de escenarios insólitos, y entonces, sensaciones indómitas les atravesaban los labios y el alma. Se trataba de un caso de "imposible amor". Porque no era posible amar tanto, desafiaba los límites de los corazones más atrevidos y profundos. Porque importaba y no, que todo fuera adversidad cuando se preguntaban por la cantidad de noches que llevaban sus nombres en el futuro. Porque era agonía y placer, la proximidad de sus cuerpos y ese estado de permanente suspiro.

Mientras, la casa de la playa igual al hogar que soñaron juntos, esperaba por ellos. Quizá esas paredes frente al mar tuvieran las respuestas que ellos no conocían. Tal vez, esa casa que pretendía encerrar temblores y desenfrenos, supiera lo que iba a suceder.
La habitación latía distinto cuando el aire que flotaba sobre la cama anunciaba la llegada de la verdad. Afuera, las olas furiosas cubrían de abrigo el cuello de esa ilusión que crecía. Todo el paisaje se había convertido en el único lugar en la tierra que podía dar testimonio de secretos y revelaciones.
Laura G. Miranda

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EXTRAÑAR

Solemos pensar que conocemos el significado y alcance de esta palabra pero creo que no es tan simple. Alguien me dijo que extrañaba al ser amado hasta el dolor físico. Me contó que se le anudaba la respiración y que sentía como la ausencia, la distancia y la separación se propagaba en su interior, al extremo de reducir todo a un solo pensamiento, que llevaba el nombre de la persona amada. Dijo que nada tenía sentido cuando lo único que esperaba era estar a su lado y no podía. Todas sus prioridades habían cedido ante esa presencia que era más necesaria para vivir que el mismo aire. Describió con exactitud que tan dentro suyo estaba, que escuchaba latir su corazón y había perdido el ritmo del propio. Me pregunte sumida en la sorpresa de no haberme detenido antes en esta cuestión, si eso era posible. Entonces, imaginé la situación de modo personal. Puse mi alma y mi cuerpo al servicio de una intensidad de ficción, como tantas otras veces, quité de mi vida por unos instantes, los seres que necesito para vivir con el fin de poder asimilar el contenido de ese verbo: "extrañar".
El hallazgo fue letal. Creo que uno puede morir de ausencia sino cuenta con la seguridad de la reciprocidad del sentimiento que lo atraviesa. Se descubre entonces que la piel llora, las caricias gritan y los abrazos se convierten en el oxígeno necesario para llegar a retener la mirada, el beso o el encuentro. Duele el centro del corazón que agoniza y se debilita el pulso cuando la imagen de la despedida se distrae y parece alejarse. Las manos intentan retener lo que el destino llevó a otro sitio y alguna lágrima se impone entre la nostalgia y el deseo de volver a estar. Supongo que solo los fuertes son capaces de extrañar en el más profundo sentido del término y de sobrevivir a esa sensación de vértigo, que puede dar razones para vivir o para morir, según sean las chances de acortar distancias, redimir ausencias o interrumpir separaciones. No importa a quien se extrañe, tal vez lo único relevante sea la convicción de que uno es capaz de hacer esquina con la oportunidad del reencuentro o siendo ello imposible, no dudar que hay una eternidad que espera por todos.
Laura G. Miranda

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AMORES QUE DEBIERON SER Y NO FUERON.

Pensando en los seres que creen haberse olvidado. Construyendo personajes para mi nueva historia, me enfrentaron estas preguntas. ¿Dónde está el destino de los amores que debieron ser y no fueron? ¿Quién dispone el encuentro de dos miradas que jamás pudieron olvidarse, aun cuando se acostumbraron a no pensarse, a fuerza del tiempo sin saber nada del otro? ¿En que parte del universo se esconden los finales de las historias inconclusas? ¿Es cierto que el pasado regresa con hambre de futuro? El amor, ¿Se filtra en el destino como el miedo en las decisiones?
La verdad es que no lo sé.
Tal vez, lo descubran mis protagonistas.
Tal vez, sea tan simple como aceptar que el destino manda y, tarde o temprano, vuelve a buscar lo que le pertenece.

Pudo no haber ocurrido nunca pero sucedió. El pasado gritaba la oportunidad detenida en ese tiempo, en el que había quedado entrampada la ilusión de un amor intenso que no fue. La vida había hecho camino en sus destinos y ellos, sin darse cuenta, habían creído olvidar los detalles. Pasaron años hasta que una noche cualquiera, como un desafío a la memoria, alguien pronunció su nombre frente a él. Entonces, de manera irremediable se desató el nudo que lo separaba de los sentimientos guardados. ¿La había encontrado? ¿Cuál era el mensaje que la vida quería darle, al enfrentarlo con la certeza de sentir que ella existía en algún lugar no tan lejano? ¿Qué pretendía el destino al lanzarle su recuerdo como un alud de posibilidades? No tenía respuestas. Solo pudo sentir la necesidad de hallarla para no volver a perderla. Todo a su alrededor se convirtió en esos ojos color miel que lo habían atravesado con su mirada interminable. Ella era todas las palabras no dichas y se había convertido en su sueño.
Mientras, sin saber que era el único pensamiento en la vida de ese hombre, aquella mujer atendió el teléfono y de inmediato, fue atrapada por esa voz que despertó la entrega que no fue. Su corazón aceleró el ritmo de sus ansias y él, atravesó las barreras del tiempo para instalarse en la memoria de los besos que su boca recordó. Tuvo miedo. Casi tembló. La emoción gobernaba su ser y no fue capaz de razonar. ¿Acaso el pasado volvía a buscar lo pendiente? ¿Sería definitivo, lo que no había sido, si ocurría después de todo? ¿Había estado siempre enamorado de ella y no había sido capaz de decírselo?
No encontró respuestas. Solo pudo sentir la necesidad de escucharlo. Todo a su alrededor se convirtió en las ganas de estar a su lado. Él era un latido distinto en su alma y quizá, quisiera decirle todo lo que ella esperaba.
Laura G. Miranda

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LAS OPCIONES. ELEGIR NO ES FÁCIL.

Cuando la vida no da alternativas, somos reales víctimas de una imposición que, puede o no gustarnos, pero que acabamos acatando como una ley vigente. Así, un trabajo, una relación, una decisión, una enfermedad, el modo de sanarla cuando es posible, la pérdida y las ausencias, nos enfrentan a nuestro perfil de aceptación y la impotencia de no poder dar un giro a los hechos lleva nuestro nombre. Algunos decimos "es lo que hay" como una manera de terminar de incorporar al alma lo que ya se instaló en ella sin permiso.
Sin embargo, lo increíble es comprobar que muchas veces nos invaden con una fuerza extraordinaria "las opciones" y nos quitan el sueño. Se filtran como la humedad entre nuestras preocupaciones. ¿Por qué? Porque jamás sabemos si al elegir estamos dejando de lado lo menos importante o quedándonos con lo no tan bueno. Entonces, el tamaño de una decisión conlleva ser responsables del acierto o del error y nos cuesta. Claro que no es simple decidir, porque siempre significa animarse. Para eso hay que confiar en uno y dejar de lado el miedo, cuestiones que no todos los días son posibles. Es en ese momento que equivocadamente nos quejamos por no saber que hacer. Recordemos entonces que poder elegir es ser ricos en oportunidades.
¿Lo bueno? Que si hay opciones hay chance de mejorar, de proyectarnos, de poner de manifiesto quienes somos y potenciar la felicidad. En su otro lado hay posibilidad de aprender de las malas elecciones para no repetirlas jamás. Tener personalidad es el único requisito. Es mejor elegir con criterio propio que convertirse en una mala copia de lo que se mira, por no hacerlo.
Creo que es una bendición ver la magia de las variables y atreverse a más. Elegir no es fácil pero es un maravilloso testimonio de estar vivo.
Laura G. Miranda

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LA LLAVE QUE ABRE TODAS LAS PUERTAS.

Mirando mi vida, convertida en la observadora que a veces soy de los detalles de mis emociones, descubrí que en todos mis logros y en lo que aprendí de mis fracasos, en cada risa que me desbordó de felicidad y en cada lágrima que derrotó temporalmente mis instintos de continuar, hubo algo común.
En los mejores resultados de mis proyectos, en mis sueños más grandes y en mis tiempos más difíciles, siempre estaba allí mi compañero de silencios y batallas..."el esfuerzo", ese que no sabe de horarios ni de límites, que solo conoce de entrega y honestidad, ese que jamás se rinde o desiste.
Yo no sé, si todo o algo de lo que tengo se lo debo a la suerte, es una cuestión sobre la que suelo reflexionar. Para mí, la suerte es el camino fácil que se le atribuye al éxito a cambio del cual nada se ha dado...
Me atrevo a decir que hay una llave que abre todas las puertas con independencia del factor suerte y es la convicción firme de creer en lo que se desea, el hecho concreto de dejar en esa idea el mayor esfuerzo y la necesidad de derramar sobre cada reconocimiento que nos llega, toda la humildad y gratitud de la que somos capaces.

Todos tenemos en el bolsillo del alma una copia de esa llave, usémosla para que no sea la suerte la responsable de lo bueno ni la culpable de lo demás. Para que el destino sea la consecuencia de lo que decidimos hacer para lograr lo que más queríamos. Para que el resultado solo dependa de nuestras acciones.
Laura G. Miranda

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ENFRENTAR LA VIDA.

Y uno batalla contra una realidad hostil, que nada recuerda de los valores que heredó, de los tiempos en que la palabra era un tesoro invaluable hermanado con la honestidad.
Y uno insiste en lo que sabe justo por concesión divina y por atribución legal.
Y uno resiste los embates de un destino que, con o sin derecho, hará lo que tenga dispuesto.
Y uno va andando el camino, sin detener las convicciones, ni los sueños, ni el esfuerzo, ni la entrega.
Y uno choca contra la áspera impunidad de quienes optan por la traición y lo incorrecto.
Y uno espera que el tiempo pase rápido cuando sufre y que se detenga en la memoria de los instantes inolvidables.
Y uno cree fervorosamente en la fuerza del perdón cada vez que recibe el impacto de otra herida.
Y uno vuelve a caer y el memorable mecanismo de levantarse cobra infinita vida.
Y uno pelea contra la ausencia de quienes han partido y llora el vacío.
Y uno se cansa...Pero vuelve a comenzar, sin estar del todo convencido de si realmente se justifica, continuar luchando en la guerra entre lo que debe ser y lo que, irremediablemente es, esperando que lo primero se imponga.
Y uno, soy yo y es cualquiera, que una mañana despierta sintiendo que enfrentar la vida, a veces, no es tarea humana después de todo.
Y uno elige ser feliz siempre, porque todo pasa, todo llega y todo cambia cuando se actua con el corazón.
Laura G. Miranda

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DEJARLOS IR.

Construir una historia conlleva el hecho necesario de concebir sus personajes, de lograr que la ficción se nos meta en la piel y que los sentimientos que ideamos nos atraviesen.
Se convive durante meses con esa creación enlazada a todo y a nada a la vez. Una irrefutable verdad que paradójicamente no existe.
Y entonces, llevamos los chicos al colegio, hacemos una ensalada, estamos en la cola del banco o tomamos una audiencia y aparece la idea. Si, eso que debe pasar irremediablemente y que quedó pendiente al abandonar el teclado. Una especie de desesperación silenciosa nos recorre por temor a olvidar lo que la inspiración, algo inoportuna, nos lanzó como una flecha de sentido y argumento.
El tiempo pasa, los personajes tienen su propia vida y reclaman tiempo de la nuestra. Una empatía poco habitual genera expectativa.

Al escribir la última palabra del capítulo final, elaboré una suerte de duelo. Puede que viva esto en sus máximos y no se entienda, pero me cuesta dejarlos ir. Es algo difícil de explicar porque siendo una mezcla de desgarro y nostalgia es también, una maravilla que emociona y me llena de felicidad!
Comenzaré mi lectura de corrección y mis protagonistas, empezarán a alejarse de mí para acercarse a ustedes. Saber que recibirán el cariño de quien los lea, me genera un sentimiento único.

No imaginan cuanto agradezco la posibilidad de poder escribir sabiendo que del otro lado, ustedes esperan para leer mi nueva historia, es ese hecho el que le da sentido y posibilidad a seguir soñando.

GRACIAS SIEMPRE!
Laura G. Miranda

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AL FINAL, TODO ES UNA CUESTIÓN
DE ACTITUD.

Hay situaciones en la vida que nos enlazan con la sensación permanente de vértigo, que nos atan al cuello una soga de la que cuelga la preocupación latente por algo que no podemos resolver. ¿Que hacer con tanta presión originada en el laberinto que nos separa de la solución? ¿Cómo manejar la angustia de los momentos que nos encierran el alma y nos ahogan la razón? Me pregunto si existe un modo de atacar ferozmente al miedo, para que sea nuestra actitud, la que le de miedo al miedo...y mientras siento que no soy capaz de asustar a nadie, me doy cuenta que me sobra energía para enfrentar los temores, porque ellos nacen dentro de mí y es allí, donde deben también morir.
Es cierto que no siempre tenemos respuesta para las cuestionen que nos apremian en la cotidianidad pero no es menos verdad que ninguna circunstancia, por tremenda que sea, puede arrebatarnos la actitud. Por eso me planto frente a la preocupación, la miro directo a los ojos y pienso que mi destino no la quiere allí, que todo pasa y que nada opacará la felicidad que por derecho me corresponde a mí y a todos los que dan lo bueno para cosechar lo mejor.
Laura G. Miranda

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ES AL REVÉS... ES LA LECTORA.

Cada vez que me acerqué a una autora en busca de una dedicatoria que coronara mi ejemplar y lo convirtiera en un tesoro más valioso aún para mi biblioteca, la emoción acompañaba el ritmo de mis latidos en la misma medida en que esas palabras esperadas, pensadas solo para mí, se aproximaban. Si además, la autora se tomaba el tiempo de conversar conmigo y dedicarme una sonrisa o un comentario entonces el momento se llenaba de magia y por mucho tiempo seguía flotando entre mis pensamientos hasta ser un recuerdo de esos a los que se vuelve siempre. Envuelta en mis propias sensaciones yo creía que ella lo daba todo a cambio de mi humilde presencia allí.
Pero el tiempo pasó, no desistí de mis sueño, escribí, atravesé diferentes estados de ánimo, esperé y continué escribiendo hasta que Ediciones B Argentina contrató mi "Amuleto contra el vacío" y apenas dos meses después de su publicación me llevó a firmar ejemplares a la Feria Internacional del Libro Buenos Aires.

Entonces, lo entendí.

No es la autora la que lo da todo aún cuando en todo su ser corra la sangre que así lo desea, es la lectora...ese ser único que busca en lo escrito redimir su tiempo de angustia o potenciar el de felicidad. Es la lectora, esa pequeña gran mujer anónima, que sabe de sueños más que nadie y de generosidad como ninguna. que te regala su tiempo de lectura, ese que ya no recuperará nunca más para otra actividad, que te sonríe y hace que tu corazón se rompa en un estruendo de gratitud, que te habla de tus personajes y los conoce y te hace temblar la piel al descubrir que tiene en su memoria quizá más detalles que vos que lo viste nacer. Es la lectora, ese insoslayable corazón de cariño que llega a verte haciendo mil esfuerzos, tal vez más de lo imaginado, solo a cambio de tu dedicatoria y como si fuera poco, es capaz de hacer largas filas y después te abraza, te pide una foto y es feliz.
Es la lectora que atenta a todo y aunque no pueda ir en busca de su preciada dedicatoria te lo hace saber y te hace llegar lo mejor por mensajes.
Es la lectora ese alma contenta que deja de lado su propia adversidad y cuando ya no esta con vos publica una foto en facebook y te etiqueta regalándote más de su preciado tiempo, te recomienda, te desea lo mejor y te pide más historias.

¿Puede una autora tener reserva emocional para tanto? Yo no...por eso habiendo transcurrido dos días desde que firme ejemplares durante dos horas en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires [Sitio Oficial] sigo sintiendo que les debo este reconocimiento, mínimo comparado con lo que recibí y recibo, pero necesario para poder continuar haciendo esto que amo hacer que es escribir.

GRACIAS queridísimas lectoras por tanto...
Laura G. Miranda

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¿POR QUÉ LA NOCHE?

Y entonces cuando el cuerpo debería disfrutar su merecido descanso y el calor encierra el lugar donde vivimos comienza a suceder el fenómeno inevitable: los pensamientos intrusivos se anuncian en nuestra memoria con un cartel luminoso. La lista de pendientes cobra dimensiones extraordinarias y los pendientes del corazón nos arrebatan el sueño como si fueran dueños de nuestra madrugada. ¿Por qué la noche multiplica las preocupaciones hasta un irremediable infinito que muere con el amanecer? ¿Quién le dio a la noche el poder de hacernos sucumbir ante una duda que por la mañana nos hace sentir desconocidos ante la importancia que le dimos?
La noche corre por mis venas de una manera insoportable a veces, en sus horas, la ausencia es depredadora, la lógica es confusa y hasta la certeza de mi nombre se me escapa entre la seguridad que necesito, el presento que vivo y el futuro que me espera. ¿Por qué la noche, cada noche, me desafía? No lo sé...apenas puedo decir, que amo escribir de noche será porque así le gano la pulseada a su fuerza y la convierto en lo que soy.
Laura G. Miranda

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EL LEGADO SILENCIOSO

Alguna vez escuché que "una aprende a ser hija cuando es madre". Me pareció un juego de palabras interesante que creí comprender, pero no fue así. Yo asomaba mis 18 y no tenía hijos, y ese hecho, el de haber sido madre marcaba la diferencia en la cuestión. Madre de Sala de Partos, madre del corazón, madre adoptiva, madre adoptada, madre presente al fin. Todas tenemos una huella, un antes y un después, en el mapa de nuestra vida y es el momento en que esos seres maravillosos que son los hijos llegan a nosotros para siempre. En ese instante se recibe el legado silencioso y se produce la magia que nos hace entender lo que alguna vez escuche. Nunca volvemos a estar del todo tranquilas, si son bebés, si son niños, si son adolescentes o si son adultos, todo nos preocupa. Desde una otitis a la madrugada hasta un compañero que le pega en el jardín. Si salieron a bailar o si son titulares en su equipo. Si una profesora los tiene entre cejas o si un amor los engañó. Nada vuelve a ser igual. Si logran cosas, si luchan, si fracasan, si caen, si se levantan, nos convertimos en omnipresentes, capaces de enfrentarlo todo, por esos seres que nos dan la chance cotidiana de sembrar lo bueno para cosechar lo mejor y no es fácil . Sufrimos hasta la agonía emocional o somos felices hasta el riesgo de colapsar de orgullo. Y siempre vamos por más.
¿Por qué hoy esta reflexión? Porque hace un rato le dije a mamá que estaba preocupada por mi hija y ella respondió: "Eso nunca pasará. Siempre habrá algo. Yo sigo preocupada por vos cuando viajas." En ese momento supe que hay un legado silencioso, que no pasa de una generación a otra sino que se mantiene en todas ellas a la vez y es la entrega hacia los hijos que conlleva la preocupación. Amo ser madre y creo, que aprendí a ser mejor hija desde que recibí esa bendición.
Laura G. Miranda

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FANTASMAS DE ESTE TIEMPO

Anoche pensaba que importante es que las personas que queremos, esas que son indispensables para nosotros lo sepan. A veces, la inseguridad puede hacer sufrir de modo desmesurado a los que perciben el fantasma de la indiferencia justo al otro lado de esta vida nuestra que nos cambia de roles en segundos. Y una aprende a ser madre, amiga, hija, esposa, hermana, niñera, médico, remise, abogada, docente, asesora de imagen, cocinera, escritora, hombro, mano, oído y corazón. Somos incondicionales víctimas del tiempo que no tenemos y nos enredamos en un delivery de postergaciones y aciertos. Sin darnos cuenta, llega otra vez la madrugada mientras alguien que queremos sinceramente, quizá siente que lo olvidamos y acumula desencanto y dolor. Alguien que también podemos ser nosotros. ¿Es culpa del tiempo? ¿Es responsabilidad de las obligaciones? ¿Es culpa nuestra que no sabemos y no podemos, aun deseándolo, delegar? ¿Es culpa del otro?...¿Hay culpables? ¿Se quiere menos porque la frecuencia en el trato disminuye? ¿Quién le dio al tiempo los sentimientos que llevamos dentro para disfrazarlos de espejismos?
Creo que el secreto es saber con nivel de certeza que nada de lo ocurra tiene suficiente fuerza para cambiar el amor que sentimos, para resentir las amistades verdaderas, para doblegar lo que honestamente hemos construido. No debemos ser rehenes del tiempo en cuyo abismo vivimos buscando horas que no hay porque cuando queremos es para "siempre", lo demás son circunstancias. No le demos paso a la duda afectiva porque paradójicamente en los tiempos que nos envuelven no hay tiempo para dedicarle a cuestiones que nos dañan en base a suposiciones. El corazón manda y es siempre fiel a lo que lleva dentro, el resto es solo cuestión de agendas múltiples.
Laura G. Miranda

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ELEGIR SER FELIZ...

Hubo un momento en que la adversidad parecía ganar el tramo que separa la voluntad de continuar y luchar por aquello en lo que se cree de la inevitable desolación que repliega la capacidad de creer en la propia fortaleza.
Ese exacto momento en que el corazón se detiene y susurra un "no podrás", justo cuando las lágrimas son un océano y llorar no consuela ni calma.
El faro que guía las decepciones se oculta entre la tormenta de sinsabores e injusticias...
Sin embargo, al otro lado de ese mismo momento la vida grita que siempre amanece y una mano amiga apreta la razón y seca las lágrimas. La palabra, puente insoslayable que sana el alma, llega de los labios de esos seres únicos y los hechos toman el color y la dimensión de la mirada que los observa.
Es entonces cuando el destino devuelve lo que se ha entregado y una solución vence la tempestad. Pruebas de las que algo hay que aprender.
En ese momento, aclara la oportunidad de ser feliz y la elegís.
Laura G. Miranda